La propuesta económica de Todos por México: éxito de austeridad gran fracaso político y social

La propuesta económica de Todos por México: éxito de austeridad gran fracaso político y social

Por: Héctor Carrasco González
Economista y profesor universitario

El pasado lunes 9 de abril se transmitió una entrevista a Luis Madrazo Lajous en Forotv en el programa de televisión Estrictamente Personal conducido por Raymundo Riva Palacio donde se expone la propuesta económica de José Antonio Meade, candidato a la Presidencia de México (Visto en: https://www.facebook.com/FOROtv/videos/10155827241907912/UzpfSTEwMDAwMjgzODI0NTM5MjoxNDA0MDk1NzA2MzYxNjkx/. El asesor y vocero del candidato de la coalición Todos por México dijo que Meade es diferente en dos sentidos. El primero, porque es un contraste enorme con sus rivales debido a su mejor diagnóstico de los problemas, y segundo, porque tiene una visión de ir hacia adelante para cambiar el país. El señor Madrazo menciona que existe “pura retórica” de parte de los partidos rivales donde dicen, según él, que todo está mal en el país dañando el buen diagnóstico. Adicionalmente, menciona que si todo está mal por qué no vemos:

1) La generación de 3 millones de empleos.
2) La reducción de la pobreza en 2 millones de personas.
3) La redujeron la deuda pública.

Palabras más palabras menos, mencionó que si no vemos estas cosas que están bien, las ponemos en riesgo.

En primer lugar, no se puede promover una candidatura presidencial con generación de empleos de mala calidad.[1] En segundo lugar, no se puede presumir una reducción de la pobreza si son casi los mismos 2 millones de pobres generados durante este gobierno entre 2012 y 2014 (incidencia de la pobreza) y, en tercer lugar, me parece confusa la idea de que hacer menos alta la deuda pública signifique un logro o un buen manejo de la economía. Y en este último punto me centro para mencionar los otros dos puntos.

Las propias afirmaciones del señor Luis Madrazo en esta entrevista plantean una pregunta: ¿Cómo se redujo el déficit de 2014 a 2018, medio punto cada año, en un escenario adverso de baja en los precios internacionales del petróleo, alza de tasas de interés –que elevan el costo del servicio de la deuda–, desaceleración industrial en los Estados Unidos entre 2015 y 2016, y la presión de las calificadoras?

Un gobierno no tiene de que preocuparse si logra mantener un superávit fiscal con austeridad. Sin embargo, algunos economistas saben que un país es vulnerable, incluso a niveles de deuda aparentemente manejables, si presenta ciertos “desbalances” año con año y sus créditos son abundantes y tienen vencimientos relativamente cortos o largos en relación con los resultados que otorga el gobierno en turno. Entonces, los que desaprovecharon la oportunidad de gobernar y dirigir mejor este país nos “sujetan” o “disciplinan” a un “proceso de ajuste” mediante políticas de austeridad integradas por la reducción del gasto público –abatiendo la seguridad social–, colocación de impuestos y reducción de los salarios. En retrospectiva:

1) Luis Videgaray Caso[2], mediante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), redujo el gasto público en 123.3 mil millones de pesos en 2015 y 135 mil millones en 2016.

2) La colocación de impuestos a las gasolinas y el diesel desde 2008, en el gobierno de Felipe Calderón (PAN), que el Congreso extendió hasta 2014 y hoy se mantiene como un “impuesto piramidal” (IEPS sobre IEPS).

3) La reducción salarial se convierte en una variable de ajuste (siempre a la baja, mientras la flexibilidad y el tiempo de trabajo van al alza), y en conjunto con los dos puntos anteriores, resultan en la peor calidad de ingresos entre los países de la OCDE.

Llevar a cabo y mantener este estado de cosas en la economía mexicana, con sello distintivo de desigualdad y pobreza, ahora como una realidad palpable para todos, resultó en un daño y retroceso por dos contradicciones de base: a) mantienen altos ingresos gubernamentales que reflejan dudas de los inversionistas, al mismo tiempo que algunos de ellos tienden a devenir en rentistas con ingresos sin precedente que evaporan los recursos inflando las bolsas de valores y elevando el precio de los activos; y b) mantienen altos ingresos gubernamentales a pesar del dispendio y el desvío demostrados, mientras los bajos salarios y el desempleo intensifican la erosión social y el malestar común por la inseguridad, violencia, corrupción e impunidad.

Si consideramos que la médula de la estructura política y social de México es esencialmente económica, el superávit establecido por políticas de austeridad contradice totalmente a la voluntad política y el bienestar público.

Esta breve explicación establece que la propuesta económica de José Antonio Meade, promovida por su asesor Luis Madrazo, sí representa “más de lo mismo” y parte de un diagnóstico erróneo de los problemas prioritarios que el país necesita solucionar. Estas políticas de austeridad disfuncionales para la mayoría –funcionales para la minoría– ni consigue la reducción sana de la deuda, ni el despegue del crecimiento económico (que en todos los procesos electorales prometen), pero sí mantiene el riesgo estructural que se refleja en nuestra vulnerabilidad interna y externa socavándose a sí misma, provocando y agudizando crisis ya de carácter multidimensional –financiera y económica, agroalimentaria, climática, política, de legitimidad y de derechos humanos. Esto implica, por supuesto, un retroceso en la ya débil democracia mexicana.

Lo mejor que debe suceder en este proceso electoral 2018 es avanzar de manera auténtica en nuestros procesos democráticos para que pueda interferir una orientación diferente de la política económica. Es decir, la reagrupación social y política con la economía para el “arreglo” del “problema estructural” de transferencias de valor o rentas –articulado al proceso de “endeudamiento” y “desendeudamiento” como eje de la especulación, conservación de la rentabilidad y de posición prioritaria en las decisiones de política económica– junto con el rechazo al dispendio y los desvíos repugnantes de los ingresos gubernamentales, donde todo ese monto de dinero obstaculiza el desarrollo del país.

Nota final: la principal motivación de escribir este texto es pensar en que las grandes crisis globales, como la crisis internacional de la banca comercial y las instituciones financieras en 2008 y que implicaron la ruptura del fundamentalismo de mercado –el viejo sistema internacional desde la Segunda Guerra Mundial–, avivan el interés por el estudio del capitalismo y su teoría neoliberal –“nuevo” carácter del liberalismo–,[3] donde su característico superávit muestra contradecir directamente a la representación popular de los distintos sistemas de gobierno, como fue la transferencia significativa de las pérdidas privadas a los contribuyentes en algunos países de América Latina, Estados Unidos y la Unión Europea.


  1. Véase: http://idic.mx/2018/04/10/tarea-de-nuevo-gobierno-acabar-con-informalidad/
  2. Antecedido por José Antonio Meade, Ernesto Cordero y Agustín Cartens. Hoy preside José A. González Anaya.
  3. También implica también el cuestionamiento del orden mundial liberal y sus componentes –liberalismo, universalidad y preservación del propio orden– desde hace 70 años.