Ego, privacidad y redes sociales

Ego, privacidad y redes sociales
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¿Recuerdan la primera temporada de Big Brother, el reality? ¿Las cándidas revelaciones de los aspirantes a ricos y famosos? Estos concursantes, ¿Que tan conscientes estaban del alcance de sus dichos y hechos? ¿Creían que apagando la luz y en lo obscurito, nadie los iba a ver? ¿Esperaban que sus susurros no serían oídos? ¿No tenían pudor? ¿Eran exhibicionistas extremos? ¿Les valía gorro? ¿Pensaban que lucían bien? ¿No pensaban?

Estas mismas preguntas me hago cuando veo ciertas publicaciones en Facebook, algunas francamente vergonzosas. Se despliegan indiscriminadamente infinidad de confesiones, pensamientos íntimos, reveladoras fotografías, datos privados, situaciones comprometedoras, declaraciones sensibles, confidencias involuntarias, números telefónicos, nombres, apellidos, direcciones, relaciones interpersonales, ligues, rupturas, vulgaridades, chismes, lugares en los que se estuvo, se está y se estará. Percibo una magna e incesante procesión de indiscreciones y vanidades. Verdaderos compendios enciclopédicos de intimidades, desfilan promiscuamente en la pasarela de ego-tecas. Esa humana necesidad de ver y ser vistos, hecha necedad. ¿Hasta donde llegarán para obtener mas likes, seguidores y comentarios?

Con chorro-cientos de millones de integrantes, Facebook alberga casi todos los colores y sabores de expedientes imaginables. Obvio. ¡Hay de chile, de dulce y de manteca!

Individuos y grupos: expuestos, virtuales, tímidos, exhibicionistas, políticos, apolíticos, apocalípticos, justicieros, criminales, voyeurs, metiches, espías, propagandistas, instigadores, serios, bufones, artísticos, terroristas, dueños de mascotas y culturales por si me faltó alguno. Relativamente juntos y revueltos, componen los mas folclóricos ejércitos de públicos y reporteros que dan vida al pantagruélico y variopinto Facebook.

Con su enorme población, posibilidades de interacción e interface multimedia; el omnipresente Facebook se ha convertido en la red social por excelencia. “Te aviso en Feisbuk” “Pásate tu Cara-libro” “¡Como! ¿No tienes Face?” ¡Sucumbe a su poder! Primero feisbukeo, luego existo.

Las personalidades narcisistas encuentran muy atractiva esta plataforma. Atrae a solitarios en busca de pertenencia. Seduce a las masas carentes de tribuna. Fascina a los interesados en asuntos ajenos. Si añadimos una buena dosis de ociosidad, algo de curiosidad y un tanto de vanidad a la fórmula; Facebook puede resultar morbosamente adictivo. Interrumpidos para estar conectados, enmarañados en los aparejos de la telecomedia interactiva de enredos sociales que creen protagonizar. Conozco varios casos.

Una razón fundamental del incalculable éxito de Facebook es que se ofrece de manera aparentemente gratuita. Eso cree la inmensa mayoría cuando, sin sacar un solo peso de su bolsillo, acepta las condiciones de un contrato que ni siquiera leyó. “¡Que flojera!” “Nadie lee el contrato” “¡Gratis hasta puñaladas!” “En Neza nos vale madre”. ¿Inmunidad al control en la periferia?

¿Gratis? En el convenio en cuestión, se estipula claramente: Facebook dispone de toda la información confiada a él. Los usuarios renuncian a la propiedad intelectual y a los derechos autorales de sus publicaciones, sin limitación alguna. Está
acordado que todo el material sea almacenado en Estados Unidos de América. De ahí es usado, licenciado, compartido y vendido, de manera particular y estadística, según el interés de Facebook y sus afiliados. En este tenor, las declaraciones hechas por Facebook, en el mismo contrato, de que, sus usuarios permanecen dueños de sus publicaciones, son tan contradictorias y bizantinas, como las de sus usuarios manifestando su voluntad expresa de no autorizar el uso de sus contenidos. Cualquier discrepancia tendría que resolverse ante tribunales del condado de Santa Clara, California. Indistintamente de si contrataron con Facebook Inc., que es para EUA y Canadá o Facebook Ireland Ltd., para el resto del mundo.

¿Es ético, moral o por lo menos legal contratar con menores de edad? ¿Conoce la mayoría la legislación de sus propios países, de EUA, los convenios y el derecho internacional? ¿Participa en las reformas? En México, ¿Se cumple cabalmente en el contrato, con los requisitos de aviso de privacidad de nuestra ley? ¿Qué dice el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos?
No creo que Facebook vaya a lucrar directamente con una foto de un sope cuyo autor titula “A punto de comer”, subida desde su Blackberry o con la mas hipster de las ocurrencias o creaciones digitales. Facebook está en el negocio de la información y este, es mucho mas valioso que el de la piratería. La información es poder y cada persona decide en que medida y a quien otorgárselo. Por eso cada usuario, supuestamente prudente, configura la privacidad de su cuenta, decidiendo que confiar y a quien, dentro de un esquema tendiente a lo aleatorio, expuesto y promiscuo. Público. Amigos de las personas etiquetadas. Amigos de amigos. Amigos. Amigos excepto conocidos. Listas. Chat. Mensajes personales o Solo yo. A la administración de Facebook, ni siquiera se le menciona. Sin conocerlos, los usuarios les confían la custodia y el manejo de toda su
información. “Facebook te ayuda a comunicarte y compartir con las personas que forman parte de tu vida”. Lo quieras o no.

Con sus complejos algoritmos, cookies, pixeles, apps, plug-ins sociales, hipervínculos con otros sitios web, afiliaciones con diversos grupos y compañías, sofisticados programas de recopilación de metadatos y capacidad de almacenamiento ilimitada y permanente, Facebook posee mas que toda la información subida a su sitio. Incluso conserva la de cuentas eliminadas. Solo por seguridad y por un tiempo razonable. ¿Seguridad de quien? o ¿Razonable para quien?

La voracidad del sistema por adquirir mas datos personales es insaciable. Por todos lados surge la presión para abrir nuevas cuentas. Las sugerencias de enlaces son interminables. Personas que quizás conozcan. Publicaciones sugeridas. Nuevas preguntas. Denos sus ubicaciones. No pierdan sus contraseñas. Facilítenos sus otros correos, sus números de celulares. Nuevas aplicaciones para enlazar sus dispositivos móviles con Fb. Sus coordenadas GPS. Sus IPS. Sus IDS. Programas de reconocimiento facial automatizados, tamizando e identificando cada rostro posteado. Sugerencias de etiquetados. Con la progresiva acumulación de información personal, se les está otorgando un creciente y tremendo poder, a quien o quienes tengan o puedan en el futuro tener, acceso total a ese descomunal banco de datos ¿Para que?

Desde la dirección general hasta el perfil del mas modesto usuario, dependiendo de la cantidad y calidad de su nivel de acceso, Facebook ha demostrado patentemente la variedad y magnitud de sus enormes capacidades y posibilidades. Ha generado y facilitado amistades, enemistades, empleos, despidos, matrimonios, divorcios, localización de personas desaparecidas, negocios, quiebras, secuestros, fraudes, aprehensión de criminales, ascensos y descensos. Hasta amplios e importantes movimientos políticos y sociales. Como la participación ciudadana en la reforma constitucional de Islandia, el movimiento Ocupa Wall Street de Nueva York, el yosoy#132 de México o La Primavera Árabe.

Que distantes quedaron aquellos directorios en línea de los dormitorios y casas colegiadas del Harvard de 2003, llamados Face books, de donde Mark Zuckerberg tomó el nombre. De ahí también capturó los datos personales para su exitosísimo, efímero y local, Face mash. Lejanos se ven esos días en que los gemelos Winklevoss y el joven matemático de origen hindú Navendra, trabajaban en una red social, HarvardConnection.com . Zuckerberg se unió, expropió ideas, cambió de socios, terminó el código y registró su: http//www.thefacebook.com/ . El escabroso asunto llegó a los tribunales. Un episodio bochornoso para la estirpe y alcurnia de la prestigiosa y honorable Universidad; de aristocráticos clubs, fraternidades excluyentes e impenetrables sociedades secretas. El célebre geek, máximo nerd, prodigioso programador y hacker, perdió en la corte y tuvo que desembolsar una millonaria indemnización. Saber hasta que punto el joven Mark pronosticó la realidad actual de Facebook, mas cercana al 1984 de Orwell que el reality show comentado al principio, es irrelevante. Consumatum est.