Darkest hour y la forma de lo político

Darkest hour y la forma de lo político

El declive del proyecto político de los Estados Nacionales se dio con las dos Guerras Mundiales. Si el Estado moderno nació con la conformación de los Burgos durante el siglo XII y XIII, el fin de este proceso histórico se ubica en la guerra que involucró a todos los países que despuntaban como potencias económicas y con deseos de expansión geopolítica.

Eric Hobsbawm acierta al escribir que la Primera y la Segunda Guerra Mundial trajeron un baño de sangre que no tiene parangón en ningún momento de nuestra historia. Son enormes los números e inciertos los cálculos que han hecho diversos investigadores para dar una cifra aproximada. Pero cuando se trata de “millones” de vidas humanas: ¿qué sentido tiene saber cuántos fueron? Los sacrificios humanos se dieron casi por igual en efectivos militares y en civiles, pues las Guerras Mundiales trajeron consigo un nuevo código de guerra que en la Antigüedad no se había visto: desmoralizar al contrincante destruyendo a la población civil y sus ciudades. En un cálculo conservador, se cree que durante la Primera Guerra Mundial murieron 30 millones de personas 10 millones fueron población civil. Esto se explica por el discurso de la “Rendición Incondicional”, que suponía llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias, no importaba el precio con tal de conseguir la victoria. Otro hecho sin precedente en las guerras, ya que cuando alguna de las partes reconocía su derrota inminente o el otro bando sabía que obtener más era imposible, se firmaban acuerdos de paz. Los bandos en las dos Guerras Mundiales esperaban derrotar por completo al adversario para que no quedara duda de la victoria, eso prolongó su duración.

Los efectos devastadores de la Primera Guerra Mundial trajeron una consigna política a  todos los gobiernos de Europa y que se volvió el centro del ejercicio del poder: mantener la paz a toda costa. Ningún gobierno sobrevivió al terminar la Primera Guerra Mundial, es por eso que el enfoque pragmático de los partidos era sostener relaciones cordiales en cuanto a la política exterior, evitando los conflictos.

Darkest Hour (2017) es la descripción de la angustiosa experiencia de volver a una Guerra de esas dimensiones en Europa. El gobierno del primer ministro Neville Chamberlain (Ronald Pickup) había transigido a las ocupaciones nazi apoyado por Lord Halifax (Stephen Dillane), que veía como destino perder la resistencia a Hitler y presionar por obtener un buen acuerdo de paz. No obstante, las Cámaras deciden que es momento de cambiar de gobierno y obligan a dimitir a Chamberlain. El Rey Jorge VI (Ben Mendelsohn) y los Lord’s se decantan por un personaje que sufrió el desprestigio por su actuación militar en la Primera Guerra y su decepcionante papel como Ministro de Hacienda: Winston Churchill (Gary Oldman). El escepticismo que hay sobre Churchill y su belicismo se recrudece con el Gabinete de Guerra, en el que Winston incorpora a Neville y Halifax como Ministros de Guerra y de relaciones exteriores.

Las secuencias que en contracampos crudos muestran las intrigas contra el nuevo Ministro Churchill, sea en jardines públicos o en reuniones en el Palacio, hacen caer el peso de las muertes de militares y de la ocupación en Bélgica y Francia en los hombros del único líder político que advirtió del peligro inminente de Hitler. Los encuentros con los militares franceses que se muestran renuentes a combatir y la llamada de un sólo encuadre para pedir a Roosevelt los aviones pagados, hacen ver al carismático Churchill como un ser frágil, solitario y derrotado.

¿Por qué Churchill no recibía un apoyo abierto para impedir el avance y conquista de los alemanes? Después de la Primera Guerra, nadie quería soportar la carga de ver destruida Europa y sufrir la catástrofe de reconstruir de nuevo la economía y la vida social. Si Halifax y Neville durante la administración de Guerra tratan por todos los medios de convencer a Churchill de aceptar una intermediación con Mussolini para firmar un armisticio, como lo hicieron los franceses, aceptar la derrota era “negociar con el León mientras tienes la cabeza dentro de su boca”.

Si el gobierno británico no quería ir a la Guerra, ¿por qué escogieron a Churchill? En un plano lateral, el mismo Churchill resume la ironía: “porque las cosas no podían estar peor.” El encuentro íntimo con el Rey Jorge que le conmina a ir a la guerra y la determinación de subirse al metro durante un toma por toma que nos muestra la vida cotidiana del pueblo inglés, hacen que el clímax sea verídico, pues el sacrificio de la Segunda Guerra como en la Primera, sería de la población civil que soportaría durante cinco años los bombardeos, el hambre y la muerte. Churchill (encarnado por un Gary Oldman en posesión del personaje) cuestiona a los tripulantes si estarían dispuestos a combatir hasta el final. La respuesta es contundente en un pueblo que había colonizado de manera brutal otros países y que no conocía la derrota: luchar hasta la muerte.

No es una visión romántica o popular, quien desconoce la historia podría pensar que Churchill manipula con sus artilugios discursivos. Sin embargo, es verdad que estuvo a punto de considerar firmar la paz y que estaba solo entre los políticos de la época para involucrarse en la guerra contra las potencias del Eje. Fue más difícil de lo que parece alentar a la guerra. El tiempo le dio la razón a Churchill, no sin antes padecer las horas oscuras en que combatió sin apoyo de nadie a la Blitzkrieg.

 

 

Ernesto Gallardo León

Dr. Ernesto Gallardo

Presidente del Centro de Estudios Sociales Antonio Gramsci.

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