AMLO y la “rifa del Tigre”

AMLO y la “rifa del Tigre”

Hace unas semanas, durante la 81 convención de banqueros de México, Andrés Manuel López Obrador se refirió al fraude electoral en los siguientes términos: “Si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy a Palenque, y a ver quién va a amarrar al tigre, el que suelte el tigre que lo amarre, yo ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral, así de claro, yo por eso deseo con toda mi alma que las elecciones sean libres y limpias; y que decida el pueblo quién será el presidente.” La prensa se dividió tratando de entender si era un llamado a la conciencia de los banqueros para que no apoyaran la compra de votos y las prácticas corruptas de los partidos o si era un llamado a la violencia.

La diferencia interpretativa dio lugar a una controversia que puede leerse también como la campaña en contra del puntero en las encuestas y en las preferencias electorales, que es Andrés Manuel López Obrador. Sus declaraciones han sido, como sus propuestas de campaña, la agenda política de los últimos meses.

Si nos aproximamos a un escenario en el que Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia de México, otra metáfora del “Tigre” puede aplicarse a este supuesto y que se usa como expresión popular: “la rifa del Tigre”.

El dicho se emplea para decir que la suerte y el éxito te beneficiaron con un premio, que en realidad es un peligro o un desastre. La paradoja es ganarse algo que en todo caso se volverá en contra tuya. En otras palabras, algo que parece un bien, termina por hacerse un mal. Este es el caso de Andrés Manuel López Obrador si ganara la presidencia: se llevaría un “Tigre” a casa. ¿Por qué?

Uno de los primeros obstáculos políticos que enfrentará en el combate a la corrupción es lo que llamo “el bloque de gobernadores”. Si AMLO llega a la presidencia, el 90% de las gobernaturas serían de un partido de la oposición, todos ellos con intereses creados y apoyados por grupos políticos y empresariales sin ánimos de cambio. Algunos de ellos como Javier Corral, Alfredo del Mazo o Claudia Pavlovich, son opuestos confesos de AMLO. Así que la primera garra del “tigre” será romper los vínculos entre gobernadores, atacar los acuerdos creados e impulsar una agenda que renueve el federalismo.

Después tenemos al Congreso. El mismo AMLO lo sabe: sin mayoría en el Congreso, gobernar será un calvario. Ya le pasó a Fox y a Calderón, que tuvieron que transigir con la estructura política priísta en las Cámaras para poder llevar a puerto algunas iniciativas y sacar de la congeladora otras. Si ahora AMLO pide a sus seguidores que le den el voto de confianza a los postulados por MORENA a diputaciones y senadurías, es porque sabe de la dificultad que se avecina luego de alcanzar la presidencia; para echar abajo las “reformas estructurales” y los candados que este Congreso (de mayoría priísta y panista) le heredan. Otra “garra del Tigre” por superar.

Luego tenemos a los municipios, que también serán en su mayoría de otro signo político diferente a MORENA. La eficiencia de un sistema de seguridad pública o la aplicación real de los presupuestos o programas de atención, dependen de la honestidad y compromiso de los alcaldes. Como unidad política, el municipio es el articulador entre los gobiernos estatales, los congresos y la población, sin su operación es imposible gestar algún cambio que funcione. Tenemos en el país ejemplos de alcaldes que boicotean o aplican el principio de “manos caídas” para que un gobierno estatal o federal fracase en la lucha contra la delincuencia o la pobreza. Si en verdad se pretende combatir la corrupción y reducir los niveles de inseguridad, la negociación política central deberá ser con los presidentes municipales, que seguro tendrán alguna consigna de sus partidos o de los Congresos, para echar por la borda las políticas públicas de AMLO, como ha ocurrido antes y ahora. Una “garra” más.

Todavía nos falta la larga lista de agravios sociales y de derechos humanos que los gobiernos anteriores le dejarían: las desastrosas cuentas de muertos, desaparecidos, desplazados y migrantes por efecto de la “guerra contra el narco”; la presidencia de Trump y la injerencia norteamericana en México; las víctimas de la mala ejecución de la lucha contra el narcotrafico; la inoperancia del sistema judicial; las demandas acumuladas en las Cortes internacionales; podría seguir, pero el “Tigre” es evidente.

A mi juicio, el reto principal de AMLO no es la aplicación de un nuevo modelo económico o las políticas públicas que resuelvan los problemas más apremiantes del país, su posición debe ser integrar las voluntades políticas de diferentes signos y conciliar intereses opuestos para cambiar el rumbo del país. No basta la base social agraviada y sus fieles votantes, necesita de las estructuras políticas contrapuestas para llevar adelante el proyecto, ese es el “Tigre” que ocupa controlar.

Dr. Ernesto Gallardo

Presidente del Centro de Estudios Sociales Antonio Gramsci.

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